Apertura 5.5, ISO 400, Velocidad: Miel

Basada en hechos reales. La historia de un desconocido, una comida compartida y una enseñanza sin fecha de vencimiento.

Madrid, 9 de Septiembre de 2026.

El Cantábrico

España es una llanura árida e infinita. Habitada por toros, toreros y bailarinas de flamenco, donde todos comen tortilla, toman cañas y duermen la siesta.

Eso imaginaba a los siete años, cuando vivía en Argentina. Menos mal que no lo escribí en ningún examen del cole. Hoy, viviendo en Madrid, puedo asegurar que solo lo de la tortilla es cierto.

Y qué sorpresa la mía cuando visité el norte, más precisamente Cantabria. Verde, lluvioso, montañoso, salvaje. Me hizo acordar a la isla Nublar de Jurassic Park, afortunadamente sin los lagartos gigantes.

Paramos en una antigua casa de piedra dentro de un viñedo, con muros anchos y ventanas pequeñas. Me sorprendió que adentro hiciera más frío que afuera. El pueblo era tan diminuto, que si no hubiese sido porque iba con la cámara lo habría recorrido de punta a punta en menos de diez minutos.

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