Entre el vértigo de lo nuevo y la frustración de seguir igual.
Madrid, 26 de Febrero de 2026.
“Sueño”. Toma digital directa.
Cuando éramos chicos, Arantxa me salvó la vida.
Estábamos en su casa, con Marcelita, mirando tele y comiendo palomitas. Yo hablaba mientras masticaba (costumbre heredada de mi madre, para desconsuelo de la Condesa Eugenia de Chikcof) y una semilla de maíz terminó obstruyendo mi respiración. Las chicas reaccionaron rápido y llamaron al adulto responsable, que seguramente estaba tomando vino en el comedor. Gracias a esa reacción hoy estoy sentado escribiendo esto.
Voy a ser sincero: de aquel suceso solo recuerdo la sensación de pánico al no poder respirar. El resto es reconstrucción a partir de relatos de mis padres y de Marcela, la madre de Aran y Marcelita, que de chicos fueron lo más cercano que tuve a hermanas.
Si alguna vez te pasó algo similar, sabrás que cuando no podés respirar el cuerpo hace todo lo posible por volver a la normalidad. No negocia. No duda. Actúa. Porque si no, bueno, a mirar las lechugas desde abajo y jugar póker con San Pedro.
Estuve pensando mucho en eso últimamente. En cómo el cuerpo busca naturalmente su equilibrio, mientras que la mente, a veces, elige quedarse donde no está bien. Y lo más inquietante es que incluso puede convencerse de que estando mal, se está bien…
Al volver de las vacaciones puedo llegar a sentir que voy por la vida a la velocidad de un glaciar, pero ya sabés, hasta el despegue de un cohete arranca despacito.
Madrid, 05 de Febrero de 2026.
Canoa en el lago Nahuel Huapi. Villa La Angostura. Patagonia. Argentina.
Me costó más de lo esperado volver a sentarme frente a la computadora después de casi cincuenta días fuera de casa. Cuando trabajaba en la fábrica de muebles en Buenos Aires y regresaba de pasar unos días en la Patagonia, el bajón me duraba semanas. Ahora que tengo la suerte de poder estar metido de lleno en mis proyectos personales, muestras, talleres, fotografía de arquitectura y el fotolibro, tampoco se me hizo sencillo.
Supongo que volver siempre cuesta porque las vacaciones no solo nos sacan del ritmo, también nos recuerdan cómo se siente vivir sin apuro. Dormir un poquito más. Comer sin mirar el reloj, con más vino, más dulce de leche y otros placeres culposos. Y cuando volvemos, hay que reconstruir el deseo, reordenar las ideas, tomar carrera y renovar la subscripción del gimnasio. Volver al trabajo, incluso al que amamos, también es aceptar que el tiempo vuelve a escurrirse más rápido.
La necesidad de bajarse de la rueda del hámstery una historia en proceso.
Madrid, 20 de noviembre de 2025.
Nos vendieron que vivir a 100 km por hora es sinónimo de éxito, pero… ¿cuántos llegamos realmente a algún lado?
La carrera infinita
¿Todavía dormís más de seis horas? ¿No tenés dos emprendimientos, marca personal y un canal de YouTube sobre hábitos atómicos? ¿No hacés ayuno intermitente, journaling, cold plunging, grounding, biohacking, crypto farming, coach hustling y mindful multitasking? Dejá que te lo diga: te estás quedando atrás.
¿Días libres? ¿Qué es eso?
El descanso es para mediocres. Los ganadores despiertan al gallo. A las 4:57 am están de pie sin despertador, tomando café con mantequilla, respondiendo mails mientras hacen sentadillas. Si frenan para ir al baño, se sientan en el inodoro mientras editan un reel motivacional.
Tenés que optimizar tu tiempo, tu alimentación, tu respiración y tu feed de Instagram.
¿Tenés ansiedad? Respirá. ¿Estás triste? Comprate un anillo con piedras de enfoque. ¿Estás fundido? Es tu culpa por no mantener una mentalidad abundante. ¿Te sentís vacío? Comprá un curso. ¿No te alcanza la plata porque estás fundido? Es culpa tuya: no estás manifestando bien.
Si no tenés éxito, al menos que lo parezca. Lo único importante es que sigas. Que no frenes, existen pastillas para ello. Hacé. Mostrá. Siempre para adelante. Nunca jamás te detengas.
Porque si te detenés… tal vez te des cuenta de lo absurdo que es todo esto.
Nos están volviendo locos
Por momentos, la vida puede parecer una carrera descontrolada. El éxito se mide por lo que tenés, lo que hacés y cuántos followers acumulás. Aspectos como la compasión, la sensibilidad artística, la empatía y la creatividad quedan en segundo plano frente a la optimización de tiempos, la productividad, la eficiencia y la competitividad. Comparaciones con vidas que no existen, estándares de belleza virtuales, tendencias fugaces, la economía, el deber ser. Pantallas cada vez más grandes y otras portátiles para cuando nos aburrimos de las anteriores. ¿Aburrirse? Eso ya no existe. El estímulo es constante, una necesidad vital.
Pero el ser humano no está diseñado para vivir así. Los cambios impulsados por la tecnología van mucho más rápido que nuestra capacidad de adaptarnos. El miedo constante a quedarse fuera o no estar al tanto de lo último se vuelve crónico.
BURNOUT 🔥
Es una palabra moderna que se usa para diagnosticar a quienes llegaron al límite. Fundirse, quemarse la cabeza, tocar fondo. Ahí es cuando la vida te obliga a bajar un cambio. A veces por un hecho puntual; otras, por una acumulación de pequeñas cosas que se hacen insostenibles. Algunas personas, quizás más conectadas consigo mismas, o simplemente con más suerte, se anticipan y regulan para no colapsar. Se ven corriendo en la ruedita del hámster, y entienden que así no van a llegar a ningún lado. Frenan. A estos yo les llamo los equilibristas. Otras, pese a todas las señales, siguen en modo avión. Mejor no cuestionarse. Mejor no frenar. Mejor seguir. Ya estoy viejo para cambiar. Estoy bien así. Todo contra lo que no pueda, lo meto bajo la alfombra y luego finjo demencia.
Ya sea porque la vida te lo impone con una cachetada o porque lográs verlo por tu cuenta, cada tanto es necesario frenar, apretar el botón de reset y volver a conectar con esa línea directa y gratuita a nuestro interior. Respirar.
Mi turno
En mi vida, esa pausa fue el Camino Primitivo a Santiago de Compostela. Intuyo que hay tantas formas de desconectar como personas en el mundo. Pero si decidís seguir leyendo, voy a contarte la mía y cómo se convirtió en un trabajo fotográfico que lleva el nombre de Primitivos.
Alerta de Spoiler:
Llegar a Santiago no fue el final, sino el principio del camino.
Nota del autor
Esta no es una historia de éxito viral. Nadie me descubrió. No me iluminé en la cima de una montaña. Vamos, que hace tres años que vengo buscando apoyo de instituciones y empresas privadas para editar un libro y realizar una muestra de este trabajo, y recibí más “no” que vendedor de peines en una convención de pelados.
Aclaro esto porque sé que nos encantan los cuentos de Hollywood, de superación personal, de éxito instantáneo. Seamos honestos: abrís Instagram y tu algoritmo solo te muestra gente exitosa, con abdominales marcados, rutinas matinales impecables y coaches de coaches que coachean a otros coaches con algo que enseñarte… Y vos no podés ni elegir qué yogur comprar sin entrar en crisis existencial.
No estoy acá para venderte humo. Este es un relato sobre resistencia a la frustración. Una historia en la que el protagonista, pese a haber puesto todo el esfuerzo, la dedicación y la pasión, todavía no alcanzó sus objetivos. Y aun así, tuvo que aprender a seguir creyendo en sí mismo. Es una historia inconclusa, pero real. La de alguien que se cansó de correr y decidió caminar. Literalmente.
¿De que va esta pelicula?
Primitivos es un trabajo fotográfico que recorre la importancia de bajar una velocidad y conectar con lo más simple y esencial del ser humano. Estar en contacto con la naturaleza, con otros y, sobre todo, con uno mismo.
Contexto
El 2022 me encontró en plena etapa de cambio. Ya me había mudado de Argentina a España y decidido dedicarme 100% a la fotografía. Para esto renuncié a mi propia empresa en Argentina, donde era gerente de operaciones. Con ello también renuncié a una estabilidad económica y a una vida diseñada acorde a expectativas que ya no eran mías.
Toda etapa de cambio suele venir acompañada de miedos, inseguridades e incertidumbres. Necesitaba silencio, frenar y pensar para poder reafirmar mis convicciones. Meses antes, en Cantabria, conocí a una señora octogenaria que me habló de sus experiencias en el Camino a Santiago de Compostela. En esa charla le conté sobre mi afición por el montañismo y la escalada, y ella me recomendó el Camino Primitivo, una variante del Camino a Santiago con un nivel de exigencia superior por sus continuas subidas y bajadas, e incluso con una etapa de media montaña. No necesitaba más. Algo dentro mío ya habia tomado la decision. En septiembre de 2022 empece a caminar.
Sobre el Camino Primitivo
“Un viaje de mil millas comienza con un solo paso.” (Lao-Tse).
Los 321 km que planeaba recorrer a pie por el llamado “Camino Primitivo”, que atraviesa Asturias y Galicia, se convirtieron en 452 km. Luego de llegar a Santiago de Compostela, necesité comtiuar por el Océano Atlántico hasta llegar al “Faro del Fin del Mundo” en Finisterre.
El Kilómetro 0 y detrás el faro de Finisterre a orillas del oceano Atlántico.
Durante 20 días me permití ser parte de una aventura sanadora. Fui testigo de una forma de vida más simple y me embarqué en un viaje de reconexión con valores fundamentales del ser humano: aquellos que a menudo olvidamos o relegamos al último lugar en nuestra lista de prioridades diarias.
Porque la fotografía había pasado a ser protagonista en mi vida, decidí llevarme una cámara a un viaje del que lo último que esperaba era volver con un trabajo fotográfico.
En el monasterio de Cornellana (Asturias). Tuve la suerte de que Leica España me preste la Q2 Monocrhome para el viaje.
Voy a ser completamente sincero: me sorprendió lo que produje en esos 20 días. No es raro que vuelva de una salida sin una sola foto decente, así que ver la cantidad y calidad de imágenes que obtuve me sigue llamando la atención. Y eso refuerza lo que vengo diciendo: cuando lográs estar realmente conectado, las cosas simplemente suceden.
Punto de partida
Durante veinte días fotografié, caminé y conversé (los que me conocen saben que esto último no me cuesta). De esas jornadas salieron retratos, paisajes y detalles que hoy forman una selección de unas 180 imágenes. Pero no me traje solo fotos: también recolecté historias. Durante más de dos años, contacté una por una a las personas retratadas para recuperar sus testimonios. Y lo conseguí: peregrinos y hospitaleros de España, Estados Unidos, Colombia, Rusia, Ucrania, Polonia, Países Bajos, y otros rincones del mundo compartieron conmigo sus experiencias.
“Después de unos 1050 días de peregrino e innumerables experiencias significativas, llegó un momento en que montar un albergue me pareció natural dar este paso.
Amo ofrecer servicio y facilitar la experiencia del Camino a los peregrinos.
En 2018 decidí que este era el lugar, en plena y exuberante naturaleza Asturiana, ubicado al inicio de la etapa de los hospitales, montañas y entorno que alimentan y enamoran, ahora mi hogar”.
Javier Yela, Hospitalero en Samblismo, Asturias.
Algunos de los retratos que hicimos junto a los peregrinos del camino
Este proyecto no busca documentar el Camino Primitivo. A través de las fotografías y las voces de sus protagonistas, el objetivo es presentar el camino como una alternativa para romper con la rutina diaria y vivir una aventura que permita reconectarse con uno mismo, con la sencillez, el contacto humano y la naturaleza. Una forma de revalorizar los procesos por encima de los resultados. Porque a veces, caminar sin prisa puede ser la forma más lúcida de avanzar.
Cómo vengo y hacia dónde voy
Primitivos está en proceso de convertirse en una muestra fotográfica y un fotolibro. Como su autor, también está destinado a recorrer un camino largo y sin atajos. Mi idea es que el punto de partida sea Galicia y que, desde allí, el proyecto pueda seguir viajando a otros lugares que tienen un vínculo personal conmigo: Asturias, Madrid y Buenos Aires.
Esta muestra viene madurando en mi cabeza hace tiempo. En los últimos años, asistí a muchas exposiciones y también monté algunas propias. Todo ese recorrido me dio una idea bastante clara de lo que quiero hacer.
Con el fotolibro sucede algo similar. Imagino un libro-objeto: grande, con tapa de cuero, simulando un antiguo diario de viajes. Incluirá un mapa desplegable del trayecto en el cual ya estamos trabajando con el artista gráfico Lucas Otto Müller, y combinará mi fotografía con los testimonios de los protagonistas. Me gustaría que tuviera dos prólogos: uno escrito por un referente mundial de la fotografía y otro por un referente del Camino. Por suerte, ambos ya están confirmados.
Este es un primer boceto del trabajo que venimos haciendo con Lucas.
“Yo tengo un plan…”
Para llevar adelante Primitivos de la forma en que sueño hacerlo, diseñé un plan tan sencillo como ambicioso.
El primer paso sería conseguir el apoyo de diferentes instituciones. Entre ellas, el Consulado Argentino en Vigo, que ya manifestó interés en acompañarme. En mi esquema ideal, estos respaldos institucionales servirían como aval para el proyecto y me acompañarían en la siguiente etapa de mi plan: conseguir financiación privada.
La carta de apoyo del Consulado Argentino en Vigo
Expectativas Vs Realidad
La cosa no estaría fácil. Hasta hoy, llevo enviados más de 150 mensajes entre correos electrónicos, conactos por LinkedIn y llamados telefónicos. La mayoría de la gente no contesta. Los que sí usan frases como:
Lo cierto es que actualmente no estamos colaborando en este tipo de proyectos.
Un proyecto muy bonito, pero muchas gracias, no estamos interesados.
Enhorabuena por tu propuesta, que es de gran belleza. Lamentablemente, tu proyecto no encaja con nuestra línea.
Muchas gracias, pero ya estamos con un proyecto similar.
Lo valoramos de cara a presupuestos 2026. Este año ya lo tenemos cerrado.
Captura de pantalla de mi hoja de contactos
Confío en que va a aparecer la empresa o la entidad indicada. Es solo cuestión de tiempo y de encajar las piezas de este rompecabezas.
A veces se gana y a veces se aprende
A principios de 2024 recibí la confirmación de que Primitivos sería expuesto por primera vez en el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago de Compostela. Fue mi primer victoria, seguida por el sabor amargo de tener que dejar pasar la oportunidad. Resulta que la entidad intermediaria entre mi trabajo y el museo resultó ser poco confiable, y no me quedó otra opción que dar un paso al costado. Es un episodio que no tengo completamente digerido, y sobre el que probablemnte escriba más adelante.
La carta de apoyo del museo y la muestra que hubo que posponer
Después llegó otra buena noticia: la Casa de Galicia en Madrid manifestó interés en Primitivos. Pero cuando volví a contactarlos para avanzar, la cupula directiva había cambiado y me indicaron que debía volver a presentar el proyecto desde cero, por mesa de entrada. Nunca más volví a tener noticias.
Estos son algunos de los contratiempos a los que me enfrenté y me seguiré enfrentando en este camino. Lo tengo claro: lo que intento no es sencillo. Pero confío en mi trabajo, en el mensaje que quiero transmitir y en la calidad de mi fotografía. Tarde o temprano sucederá. Quizás no como lo imaginé, ni cuando lo imaginé, pero va a suceder. Porque no tengo pensado rendirme. No pienso dejar de caminar.
Final poco marketinero
Esta es la historia de Primitivos: no hay moraleja ni final feliz. No hay caso de éxito para contar en un podcast de emprendedores.
Hay trabajo, hay dudas e intentos.
Sigo construyendo, ladrillo a ladrillo, con constancia, con días buenos y otros no tanto.
Con entusiasmo, con frustraciones, y aprendiendo.
Como se construyen las cosas que importan.
Como la vida.
Como el camino.
Llegaste hasta el final, te mereces algunas imágenes más 😉
Notas y agradecimientos
Toda las fotografías utilizadas en este artículo pertenecen a Primitivos
Gracias a todos los pelegrinos y hospitaleros que no solamente posaron para sus retratos, tambien se tomaron el tiempo de escribir sus historias y enviármelas por correo. Sin ellos y su ayuda este trabajo no sería posible.
Gracias a Cecilia Meirovich Consejera Jefa Sección Cultural, Educación y Prensa de la Embajada de la República Argentina en España y a Verónica Pozzi Encargada de Asuntos Culturales del Consulado de la República Argentina en Vigo por su apoyo a lo largo del desarrollo de este trabajo.
Gracias a Leica España por prestarme la Camara gracias a la cual tengo una calidad de archivos fuera de serie. Para los interesados utilicé la Q2 Monochrome. Una cáma con una óptcia fija summilux 1.7 de 28mm y un sensor monocromático que es un bestialidad absoluta. Una pena que no me la regalaron.
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“Antes y despúes del click”
Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.
Fotógrafos con alma de rockero, imágenes que no necesitan explicación y la tiranía del “proyecto”.
Madrid, 6 de noviembre de 2025.
No solo escribí sobre el fotógrafo rockero, también aproveché Halloween para ponerme en sus zapatos y salir a la calle con mi cámara
Hace unos días en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, histórico lugar por el cual pasaron ilustres personajes como Cervantes y Quevedo, se inauguró la sexta edición del Quijote Photo Fest. Allí escuché por primera vez a Eduardo Momeñe. Fue una magistral e inspiradora charla sobre fotografía, con la particularidad de que el orador no mostró ni una sola de sus imágenes.
Eduardo se presentó como un rockero, y me pareció pintoresca la imagen de un caballero curtido por la experiencia que solo dan los años: pelo blanco peinado, mocasines lustrosos, camisa y pantalón de vestir… hablando de AC/DC.
Pero lo que despertó verdaderamente mi interés, y es uno de los puntos que quiero explorar aquí, fue escucharlo decir que todo fotógrafo debería tener alma de rockero.
Lo primero que pensé fue que evidentemente existen muchos tipos de fotógrafos rockeros. El primero y más obvio que se me vino a la cabeza fue Robert Mapplethorpe, quien fotografiaba como vivía: provocando. Pero también existen casos menos evidentes, como el de Imogen Cunningham, que rompió reglas sin necesidad de usar camperas de cuero y látigos: desnudos honestos cuando eran tabú, flores y formas con una mirada moderna cuando nadie hablaba de modernidad, y una independencia feroz en un mundo que no esperaba que una mujer tuviera voz propia. Si eso no es rock and roll, no sé qué lo es.
De mi colección personal de fotografía rockera
Creo que sería interesante entonces, basado en los muchos ejemplos de antes y ahora, empezar por definir qué hace que un fotógrafo tenga alma de rockero. Debe tener la rebeldía necesaria para elegir su propio camino, para crear y vivir según sus propias reglas. Debe poseer la libertad de ser fiel a su esencia y a su mirada sin preocuparse tanto por seguir tendencias o corrientes. No se trata de seguir modas, sino de crear desde la autenticidad, sin pedir permiso. Debe trabajar sin importarle lo que piensen los demás, pero abierto a recibir críticas que le permitan potenciar su trabajo y que lo ayuden a llegar a donde quiere.
… si, quizás me entusiasme. Pero bueno de eso se trata ¿no?
El fotógrafo rockero debe creer en sí mismo y en su trabajo, pero también poseer la sabiduría necesaria para estar siempre abierto a continuar aprendiendo y mejorando. Porque si hay algo en lo que vamos a coincidir es que la fotografía, como la pintura, la escritura o cualquier otra forma de arte, el camino de aprendizaje es infinito. Cuando uno se convence de que ya lo sabe todo, lo más probable es que se estanque y deje de evolucionar.
no hay 2 sin 3.
Pero ser rockero no es solo una actitud o una forma de mirar. También es una forma de encarar el trabajo. Y ahí entramos en otro tema que apareció en la charla de Eduardo: el bendito proyecto fotográfico. Es la relación entre este último y el concepto del fotógrafo rockero lo que me interesa desarrollar en este artículo.
Hace tiempo, y más desde que me instalé en España, me cuesta conectar con el concepto de “proyecto fotográfico”. Parece que, si no tenés un “proyecto”, no tenés nada. Sos un fotógrafo de fin de semana.
Me emocionó escuchar a Eduardo decir en relación a los proyectos: “Siempre los dejo para mañana, porque hoy me voy a sacar fotos”, porque lo interpreté como una forma de defender que la fotografía también puede construirse desde la práctica libre, intuitiva, sin que todo tenga que encajar en un marco cerrado o conceptual.
Una serie o un trabajo fotográfico nace siempre de la acumulación de una o más imágenes. Pero lo importante es que el punto de partida sea el deseo de fotografiar, no la presión de encajar en una categoría.
Quiero que quede claro que no tengo nada contra los proyectos fotográficos. Pero no me gusta que se hayan convertido en la única forma legítima de producir imágenes. Como si lo que no encaja en una carpeta con título y statement no mereciera existir.
Hace un tiempo, hablando con un colega sobre el trabajo de un fotógrafo que me gusta mucho, me contó que lo conoció haciendo de revisor en un visionado de porfolios. El fotógrafo del cual hablábamos presentó un proyecto que a mi colega no le gustó nada. Pero antes de irse, le mostró otro trabajo, el que hace siempre, el que yo conocía, sin pensar en este como un proyecto. Y ahí, mi colega, igual que yo, se enamoró de sus imágenes.
Jamás debemos dejar que el corset del “proyecto” nos saque el foco y nos aleje de nuestra fotografía. Para eso debemos ser más rockeros y menos obedientes. A veces me pregunto cuántas fotos honestas mueren en el camino, aplastadas por la necesidad de encajar en algo. ¿Cuánta honestidad visual se pierde por querer quedar bien en un statement?
También me pregunto: ¿y si empezamos por la imagen… y vemos después si necesita palabras?
Cuando veo imágenes de Michael Kenna, de Ansel Adams o de fotógrafos menos conocidos pero fabulosos como Mikael Siirilä, no me hace falta ningún cuento para acompañar su trabajo. Porque, aunque parezca una frase trillada, la realidad es que sus imágenes hablan por sí solas. Su lenguaje es visual, y su fotografía se convierte en una forma de escribir sin necesidad de utilizar palabras. Y te dejo una pregunta: si la literatura crea imágenes en tu cabeza, ¿entonces la fotografía no debería poder crear las palabras suficientes?
De izquierda a derecha: Michael Kenna, Ansel Adams y Mikael Siirilä
Volvamos al mundo de la música por un momento. Todavía recuerdo la primera vez que vi el videoclip de “Thriller” de MJ (no sé si ahora se les seguirá llamando así, pero ese era el nombre que recibían los videos musicales cuando almorzaba y cenaba MTV en los 90s). O de “One” de Metallica, o más recientemente “Hurt” de Johnny Cash o —para los centennials— “Papota” de Catriel y Paco Amoroso. ¿Qué pasa cuando a un gran tema musical le agregás un video o short film que lo eleva convirtiéndolo en una obra de arte mucho más interesante? Pasa lo mismo cuando un excelente trabajo fotográfico se potencia con la palabra. No depende de ella, sino que la palabra eleva algo que ya por sí solo era valioso.
Me cuesta conectar con los trabajos de fotografía que se sostienen en la palabra, que necesitan un manual de instrucciones o una guía para cobrar sentido.
Tomé esta foto el pasado años en una importante muestra de fotografía… O la soñé, no lo recuerdo.
Me conmueve cuando el texto y la imagen se encuentran, no para explicarse, sino para desafiarse. Cuando no hay subordinación, sino diálogo. Como el videoclip de una gran canción: no explica la letra, la expande.
Tal vez por eso Eduardo también habló de escritura, de cómo se entrelaza con la fotografía y la enriquece. Dijo algo muy bello, a lo cual adhiero: “Todo escritor debería tener una cámara encima y todo fotógrafo un lápiz en la oreja”.
Escuchar a los que saben está bien… Pero más importante es escucharnos a nosotros mismos. Animarse a romper un poco las reglas, trabajar con libertad, aprender todo lo que podamos y después olvidarlo cuando salimos a hacer fotos. Ser disruptivos, confiar en nuestro instinto y escribir nuestra propia música.
Seamos libres, seamos rebeldes y no pidamos permiso. No sigamos el ritmo. Como buenos rockeros, debemos encontrar el propio.
“I don’t know where I’m going from here, but I promise it won’t be boring.”
—David Bowie
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Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.
Edición, montaje y cómo ciertas imágenes encuentran su lugar cuando aprendemos a rodearlas.
Madrid, 23 de octubre de 2025.
Saber elegir con que quedarme no es tarea fácil. Intento encontrar una justificación para cada decisión.
Hay algo que me pasa siempre que tengo que mostrar mis fotos. No cuando las saco, ni cuando las edito. Sino cuando tengo que decidir qué mostrar, qué dejar afuera, y sobre todo, cómo.
No es fácil. Aparecen dudas, inseguridades, voces que cuestionan todo. Mirar tu trabajo de frente, sin excusas, y aceptar que no todo lo que hiciste merece ser mostrado. Que muchas de tus favoritas no funcionan. Que algunas imágenes solo existen por lo que significan para vos, no por lo que logran en los demás. Eso requiere honestidad brutal y valentía. Porque elegir una imagen es descartar otra. Y cada descarte duele.
Pero en algún momento hay que responder esas dos preguntas inevitables:
Quería mostrar un destello de cada una de las partes que, hoy por hoy, siento que componen mi obra: algo de Primitivos, un poco de fotografía callejera, algo de naturaleza, arquitectura y algunos retratos.
No voy a detenerme en los criterios curatoriales ni en los conceptos generales de la muestra.
Lo que quiero compartir es cómo elegí qué imágenes mostrar de cada serie, y sobre todo, cómo decidí presentarlas.
Tengo muchísimas imágenes de fotografía callejera. Para alguien que encuentra en la naturaleza un refugio, es curioso lo mucho que disfruto estar en las calles haciendo fotos. ¿Cómo elegir solo tres? Y no solo eso. Las imágenes elegidas deben tener un diálogo entre sí, deben contar una historia. Muchas veces nuestros highlights no tienen ninguna relación entre sí, y otras veces una foto no encuentra su lugar hasta que está rodeada de manera adecuada.
De hecho, las tres imágenes de calle seleccionadas para la muestra, si bien las considero buenas, no son necesariamente mis favoritas. ¿Por qué entonces las elegí? Porque entre las tres, y en la forma en que están presentadas, se activa una secuencia visual con ritmo, dirección y coherencia interna. La mirada entra desde la izquierda guiada por la bicicleta en movimiento, atraviesa la segunda imagen con ese personaje central que se recorta contra el asfalto iluminado, y termina en la tercera foto: una calle que nos lleva hacia el fondo, donde espera la catedral. La primera y segunda imagen comparten una pared y también se genera una diagonal visual fuerte que une la segunda con la tercera imagen, que nace en el techo de la iglesia de la imagen del medio y continúa su recorrido en la composición de la tercera.
De izquierda a derecha: “El instante en San Pelayo”, “En el nombre del basquet” y “Todo pasa”
Al combinarlas, intenté construir una única obra y contar una historia continua. Las tres comparten una figura en movimiento que activa un espacio, y una arquitectura de época similar. Tengo muchas imágenes con estas características, pero no todas dialogan entre sí como estas lo hacen. A veces no se trata de cuál es nuestra mejor imagen, sino de qué sucede cuando las ponemos a convivir.
Una pared es una unidad visual compuesta por varias imágenes.
Esta lógica de selección y montaje no es exclusiva de una muestra. Aplica igual para un libro, un proyecto, una selección para un concurso o una serie para redes sociales.
Esta pared de arquitectura, por ejemplo, es especial para mí porque la arquitectura es un tipo de fotografía que me resulta muy difícil. Me cuesta contar algo sin un sujeto claro. Siempre siento que necesito un escenario, una luz especial y un protagonista. En este caso, la luz es el protagonista. Y eso, para mí, es casi tan complejo como fotografiar paisajes. Pero eso da para otro texto.
De izquierda a derecha: “Luz brutal I” y “Luz brutal II”
En esta pared presenté un díptico. Las dos imágenes tienen un ritmo visual compartido. Ubico un eje de simetría imaginario entre ambas, y me fascina cómo las diagonales de una y otra convergen hacia el centro. La secuencia de izquierda a derecha funciona mejor así, la mirada entra por la sombra de la izquierda y avanza hacia la luz. Ambas comparten materialidad, texturas limpias, luz dura y elementos formales repetidos. Me gusta mucho el equilibrio que logran entre abstracción y realismo. Creo que ahí reside su mayor fuerza.
Tenía muchas ganas de incluir imágenes del proyecto Primitivos, y como era mi muestra, me di el gusto.
Primitivos es un proyecto con casi 200 imágenes, de las cuales debía elegir solo dos. Una muestra el esfuerzo, el proceso, el desafío. La otra, la llegada, la contemplación, el logro. Ir y llegar. El camino y el destino. Me parecieron dos imágenes complementarias y representativas del Camino Primitivo a Santiago de Compostela.
De izquierda a derecha: “El eco del paso” y “Conquistando Mar do Fora”
La diagonal de izquierda a derecha que forman sus horizontes es dominante, las une, y termina en las rocas de la imagen final. Ambas comparten una figura humana contenida por el entorno y recortada contra el fondo. La ubicación del sujeto es similar en ambos casos, colocada en un punto de tensión. La primera imagen invita a entrar por el sendero hacia la figura. En la segunda, la figura nos espera antes del cierre de la imagen, en una suerte de punto de descanso.
También trabajé una pared más centrada en la naturaleza y figuras animales. Está compuesta por tres imágenes, donde la imagen cuadrada funciona como centro, flanqueada por dos horizontales en formato 4×5 (mi favortio, y no por que sea el de instagram). Una abre la lectura con la dirección del movimiento de los caballos, y la otra cierra con la pareja narcisista contemplando su reflejo. Las tres imágenes comparten la misma línea de horizonte, lo cual fue una decisión consciente para generar unidad visual.
De izquierda a derecha: “Improvisando, asumiendo, idealizando”, “Silencio compartido” y “Narcisos rurales”
Otra de las paredes fue de paisajes opuestos. Uno urbano y otro natural. Ambas imágenes están estructuradas en tres franjas horizontales. En la foto urbana: blanco arriba, negro al medio, blanco abajo. En la natural: el orden se invierte. Incluso decidí expandir este juego de opuestos a los marcos, los paspartús y los carteles. Porque mostrar también es pensar en cómo se enmarca, se titula, se presenta.
De izquierda a derecha: “El otro París” y “Ruta de hospitales”
Decidí expandir el juego de opuestos en la forma de enamarcado y en las tarjetas de cada obra.
Editar el propio trabajo no es fácil. Hay imágenes que tienen para nosotros una carga emocional tan fuerte que no nos deja ver con claridad si funcionan o no. Por eso es fundamental pedir devoluciones, pero no a cualquiera. Solo a personas que sabemos que nos dirán la verdad, incluso si duele. Si de verdad queremos sacar lo mejor de nuestro trabajo, esa honestidad es imprescindible.
Durante la muestra ocurrió algo muy valioso. Varias personas que respeto se acercaron a compartir sus lecturas sobre mis paredes. Algunas coincidían con las mías, otras me abrieron puertas que nunca había visto. Miraron mis fotos con ojos nuevos, y sus devoluciones fueron pequeños tesoros. A cada uno de ellos, gracias.
Y a vos que estás leyendo esto, si ves algo que no estoy viendo, me encantaría leer tu interpretación en los comentarios.
Al final, todo vuelve a esas dos preguntas.
¿Qué quiero contar? ¿Cómo voy a hacerlo?
No hay fórmulas ni respuestas universales. Así como yo te compartí las mías, cada fotógrafo deberá buscar las suyas. A veces solo aparecen cuando dejamos de ver nuestras fotos como piezas sueltas y empezamos a pensarlas en relación.
Editar también es crear. Agrupar, ordenar, dejar fuera, volver a mirar… todo ese proceso también habla de nuestro trabajo como fotógrafos. Aprender a elegir cómo mostrar lo que hacemos es parte del oficio.
Eso es lo que transforma una serie en una obra de arte.
Hasta la próxima.
Eugenio.
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“Antes y despúes del click”
Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.
Calma… no todo es lo que parece. (Leica Minilux 40mm + Showa Film ISO400)
– “Fotografiar en modo manual es de cobarde”.
Esto me dije un mes atrás, cuando me propuse un juego que —aunque suene contradictorio— requirió mucho coraje. Soltar el control, apagar el pensamiento técnico y abandonar el método fue un experimento que me dejó incómodo, expuesto y, sobre todo… feliz.
Hace unos días decidí hacer algo que rara vez me permito: fotografiar sin pensar, sin medir, sin buscar una imagen “correcta”. Fue un ejercicio, sí, pero sobre todo un juego; una especie de acto rebelde contra mi forma habitual de trabajar, que es más bien seria, metódica y técnica. Suelo visualizar con tiempo, medir la luz con precisión, componer con cuidado, y pensar siempre en blanco y negro, incluso cuando disparo en digital. Todo en mi proceso pasa por el filtro de la conciencia, la intención y el control.
Normalmente, mi enfoque es pensado, pausado, meticuloso. Comienzo con una previsualización: observo, pienso, espero. A veces el proceso dura más de un día. Incluso vuelvo varias veces al mismo lugar en busca de una imagen. Luego mido la luz con precisión —cuando trabajo con película, aplico el sistema de zonas de Ansel Adams, y a veces también en digital—. Me tomo mi tiempo para componer y muchas veces utilizo trípode. Siempre pienso en blanco y negro, incluso cuando disparo en color: tengo configurado el visor para verlo en monocromo, como una manera de olvidarme del color y concentrarme solo en luces y sombras.
A la hora de disparar, en la mayoría de los casos uso el modo manual. Me gusta tener el control total de las tres variables de exposición. Muy rara vez recurro a la prioridad de apertura. Una excepción fue durante mi proyecto Primitivos, caminando el Camino de Santiago: allí, por las condiciones del viaje, utilicé esa modalidad con más frecuencia. No siempre había tiempo o energía para medir cuidadosamente; el costo de perder una imagen era demasiado alto.
El enfoque también varía: en digital utilizo mucho el autofoco, pero cuando la luz lo requiere —por ejemplo, a contraluz—, paso al enfoque manual. En analógico, por las limitaciones de las cámaras que uso, el enfoque manual es la norma. Después viene el revelado y la edición. Ya sea en el cuarto oscuro o en la computadora, casi nunca muestro imágenes sin pasar por un proceso de ajuste. Para mí, revelar es parte de decir; es parte de hacer la imagen.
Pero esta vez fue diferente
Salí a fotografiar sin pensar demasiado. Usé una Leica Minilux con una lente fija de 40 mm. Todo en automático. Usé tres rollos color de 35 mm que me había regalado mi amigo Andy Aloi, traídos desde Japón, y que nunca había probado. Durante varios días llevé la cámara conmigo en todo momento y una vez terminados los rollos, ni siquiera me encargué del revelado. Fue parte del juego —y también una necesidad, ya que no tengo los materiales para revelar color.
Leica Minilux 40mm. Carretes Edo Ukiyo-e ISO 400 y Showa Iso 400. Tambíen disparé un Marixfilm Iso 100.
Lo disfruté mucho. Porque creo que es necesario incorporar el juego en todo lo que amamos. En mi caso, la fotografía suele estar rodeada de mucha seriedad y profesionalismo. A veces se vuelve demasiado rígida. Por eso fue un alivio disparar sin pensar en resultados, copias, proyectos ni obras. Solo caminar y fotografiar de forma instintiva.
Como cuando empezaba.
Como si nada importara más que el acto de mirar.
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“Antes y despúes del click”
Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.
“Fragmentos (de lo cotidiano y lo extraordinario)”, una muestra que juntó diseño, fotografía y oficio en pleno centro de Madrid.
Madrid, 20 de junio de 2025.
Durante el mes de mayo, “Fragmentos (de lo cotidiano y lo extraordinario) ” transformó una antigua nave fabril en el distrito de Carabanchel en un espacio de encuentro donde lo rústico y lo clásico, lo austero y lo meticuloso, lo cotidiano y lo extraordinario convivieron en armonía. En ese escenario cargado de historia y textura, mi obra encontró un nuevo sentido: el diálogo entre diseño, fotografía y oficio se volvió tangible, visible, compartido.
Así se vivió la inauguración de la muestra. Video creado por Andrés Finat.
Esta muestra nace de la necesidad de reunir distintas partes de mí —el diseñador, el fotógrafo y el artesano— en una sola obra. Después de más de 15 años dedicados al diseño industrial y la carpintería, y tras iniciar un nuevo capítulo en Madrid, sentí que era el momento de conectar los puntos de mi recorrido vital. Fragmentos es el resultado de ese proceso de transformación personal y profesional.
El proceso: pensar, hacer, unir.
Cada parte del proyecto fue abordada con la misma entrega: desde la selección de las imágenes hasta la fabricación artesanal de los marcos. Trabajé con madera de nogal americano, partiendo de tablones en crudo que fui transformando en piezas únicas, ensambladas con encastres de fresno, sin un solo tornillo. Fue volver a un oficio que conozco desde hace años, pero que en este caso se integró de forma natural con la fotografía y el diseño.
Diseñé todo lo que rodea a la muestra: invitaciones, postales, etiquetas, carteles, logotipo y el propio proyecto expositivo. No lo viví como tareas paralelas, sino como partes de un mismo cuerpo. Quise que cada elemento —desde el papel elegido hasta la tipografía— hablara el mismo lenguaje. Fue un proceso exigente, donde el objetivo fue concebir la muestra como una experiencia inmersiva, en la que cada detalle reforzara la historia que quería contar.
En el taller fabricanco los marcos a medida. Fotografías Cristobal Manuel.
El evento: compartir, celebrar, agradecer.
La inauguración fue una verdadera fiesta. Más de 200 personas se acercaron a recorrer la muestra, brindar y disfrutar de la música en vivo de la talentosa Sol Madrigal, quien creó una atmósfera íntima y emocionante que marcó el tono de la noche. Mi intención no era simplemente que la gente viniera a ver fotos y se fuera.
Quería que se quedaran, que conversaran, que lo pasaran bien, que se generaran encuentros y, por qué no, que más de uno decidiera llevarse una parte de mi obra a su casa. Y eso fue exactamente lo que sucedió.
Fotos de la inauguración. Andrés Finat.
Durante el evento, además, se proyectó en loop un video que mostraba todas las etapas del proceso: desde la toma de las fotografías, pasando por la carpintería, el enmarcado y el montaje final en la nave. Una manera de abrir también las puertas del detrás de escena y compartir el alma del proyecto.
“Un exquisito proyecto fotográfico. Las imágenes de Eugenio Levis invitan a ser contempladas con calma: composición cuidada, atmósfera equilibrada y la calidad de la imagen. Solo una pequeña pega: me hubiera gustado ver más fotos, aunque entiendo que lel tamaño de la sala no lo permitía.”
— Vicente López Tofiño, fotógrafo y exdirector del Centro de Fotografía EFTI.
Lo aprendido: entre lo artístico y lo humano.
Montar Fragmentos fue mucho más que una muestra: fue una escuela. Aprendí a confiar en mis ideas, a sostenerlas incluso cuando el camino se volvía incierto. Aprendí a delegar, a pedir ayuda, a rodearme de personas que creen en mí y a quienes les estoy profundamente agradecido.
En lo artístico, reafirmé que la belleza no está solo en la imagen, sino en el todo: en cómo esa imagen se presenta, en los materiales que la rodean, en la historia que la enmarca. Comprendí que lo visual puede ser aún más potente cuando está cargado de intención, oficio y emoción.
Invitación a la inauguración de la muestra.
Lo que viene: seguir creando, seguir conectando.
Fragmentos fue una síntesis, pero también un punto de partida. Me dio claridad sobre el tipo de obra que quiero hacer: honesta, interdisciplinar, con identidad. Quiero seguir explorando el cruce entre fotografía, diseño y carpintería; seguir contando historias donde la forma y el fondo se potencien mutuamente.
Ya estoy trabajando en nuevos proyectos, con la certeza de que lo que empezó como una búsqueda personal puede también resonar en otros. Porque cuando algo está hecho con dedicación y sentido, se nota. Y se comparte.
“La Obra de Eugenio Levis nos emociona porque es auténtico, surge de una necesidad sincera de expresión. Con un estilo elegante y cargado de emoción, domina el oficio y cuida cada detalle del proceso. Sus obras son técnicamente impecables y profundamente conmovedoras.”
— Cristóbal Manuel, ex director de fotografía de El País, Premio Ortega y Gasset 2010.
Gracias por acompañarme.
Nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de tantas personas que creyeron en este proyecto. Familia, amigos, colegas, visitantes, curiosos: gracias por estar, por sumar, por mirar con atención y por celebrar conmigo.
Esta muestra fue una celebración del hacer, del tiempo bien invertido, de lo que pasa cuando uno se entrega con todo a una idea. Me quedo con la emoción de cada charla, cada abrazo, cada mirada detenida frente a una imagen.
Nos volveremos a encontrar pronto. Tengo la certeza.
“El trabajo de Eugenio Levis posee una sensibilidad y un mimo muy característicos. Sus imágenes en blanco y negro evocan la profundidad de Ansel Adams: escenarios imposibles tratados con gran dedicación. Una exposición muy única, definitivamente, no me la perdería.”
— Sara Gómez Vélez, periodista cultural y crítica de arte.
Unas fotos mías en la muestra.
Este es el video en loop que se proyecto en una de las paredes de la muestra
“En esta entrevista hablo de mis orígenes como creador de imágenes, mi desarollo como fotógrafo y mi experiencia con el Petzval 80.5 Art de Lomography”.
Retratos Oníricos con el Petzval 80.5 Art Lens por Eugenio Levis
Hoy damos la bienvenida a nuestro Magazine a Eugenio Levis, fotógrafo argentino radicado en España, quien recientemente probó nuestro Petzval 80.5 Art Lens para una increíble fotografía de retrato. Descubre sus consejos para crear hermosos retratos con este lente, soltando el control y aprovechando al máximo su carácter único.
Hola Eugenio, ¡bienvenido a nuestro Magazine! ¿Puedes contarnos un poco sobre ti?
Mi nombre es Eugenio Levis, soy hijo de inmigrantes italianos que llegaron a Argentina después de huir de la Europa de posguerra. Crecí en Buenos Aires, donde obtuve mi título en Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires. Junto con dos socios, cofundé una empresa que comenzó fabricando patinetas y longboards, y rápidamente se convirtió en una de las más grandes de América Latina. Más tarde, nos expandimos a la fabricación de muebles, y hoy somos líderes en la industria del mueble en Argentina. Hace cinco años, decidí renunciar a mi puesto como Director de Operaciones y mudarme a España, donde ahora me dedico por completo a la fotografía, enfocándome en crear y vender mi propio trabajo fotográfico, además de realizar diversos proyectos fotográficos por encargo.
Cuándo comenzaste tu camino en la fotografía?bienvenido a nuestro Magazine! ¿Puedes contarnos un poco sobre ti?
Siempre me ha apasionado la imagen. Algunos de mis primeros recuerdos de la infancia son dibujando en la casa de mis abuelos, donde tenían un gabinete entero dedicado a guardar mis dibujos, lápices de todo tipo y pilas de papel en blanco. Cuando tenía unos 10 años, mi padre, un entusiasta fotógrafo aficionado, me regaló mi primera cámara: una Fuji Fujifilm DL-7 Plus. Con esa sencilla cámara de película de apuntar y disparar, di mis primeros pasos en la fotografía. Aún recuerdo el sonido que hacía al avanzar la película y la emoción que sentía al recoger las impresiones reveladas de la tienda de fotos. Es la misma emoción que siento hoy cuando saco mis negativos del tanque de revelado o reviso mis tarjetas SD después de un largo día de sesiones fotográficas.
Sueles fotografiar principalmente en blanco y negro. ¿Qué crees que te inspiró y te llevó a encontrar tu estilo?
La fotografía siempre ha sido parte de mi vida, pero empecé a tomarla más en serio en 2020. Después de explorar varios cursos, encontré mi lugar en la escuela del fotógrafo argentino Diego Ortiz Mugica. Allí me inspiré en su pasión por la técnica y su creencia en la importancia de los procesos, no solo en la fotografía, sino en la vida misma. La fotografía, como cualquier búsqueda significativa, requiere tiempo, paciencia y dedicación. No hay atajos; debemos abrazar el camino del aprendizaje y respetar su ritmo. Al igual que en la vida, nada se domina de la noche a la mañana, y el conocimiento es infinito: siempre hay algo nuevo por descubrir. Así como Diego perfeccionó su oficio bajo la mentoría de John Sexton, discípulo de Ansel Adams, yo sigo perfeccionando mi propio camino bajo su guía, profundamente influenciado por los grandes maestros californianos de principios y mediados del siglo XX. Con el mismo entusiasmo que el primer día, me acerco a la fotografía con humildad, siempre con ganas de aprender y descubrir la próxima sorpresa que este arte tiene reservada para mí.
¿Puedes contarnos más sobre tu proyecto Primitivos?
Primitivos es un viaje fotográfico y espiritual que explora la esencia de la simplicidad y la conexión humana a través del Camino Primitivo hacia Santiago de Compostela. A lo largo de 20 días, caminé más de 450 kilómetros, documentando los paisajes, peregrinos y la cultura local de Asturias y Galicia. El proyecto refleja un retorno a nuestras raíces y una forma de vida más lenta y significativa, redescubriendo el valor de lo cotidiano y lo extraordinario. Combinando imágenes evocadoras con testimonios personales, Primitivos invita al espectador a reflexionar sobre su propio camino, tanto físico como espiritual.
“Estos lentes te invitan a soltar el control: aspectos que podrían considerarse defectos en lentes más tradicionales, como los destellos, la aberración cromática o el viñeteo, aquí deben ser aceptados. Aprende a disfrutarlos y a sacar el máximo provecho de su carácter único.“
Con estas fotos exploraste el característico efecto bokeh del Petzval 80.5. ¿Qué opinas de los resultados? ¿Cómo fue tu experiencia con este lente?
Probar el Petzval 80.5 mm fue una experiencia increíblemente interesante y divertida. Es un lente con una personalidad muy marcada que ofrece algo completamente diferente a los lentes más tradicionales. Para aprovechar todo su potencial, creo que es esencial usarlo en su apertura más amplia y seleccionar fondos adecuados, como follaje o agua del océano. Si a esto le añades una iluminación de fondo fuerte, obtendrás un efecto verdaderamente único. Por supuesto, al ser un lente de enfoque manual y trabajar con una profundidad de campo tan reducida, requiere un breve período de adaptación.
Una técnica que me ayudó a lograr un enfoque preciso fue disparar en modo ráfaga mientras me movía ligeramente hacia adelante y hacia atrás, lo que me permitió seleccionar posteriormente el fotograma con el enfoque más nítido. Curiosamente, incluso las tomas donde el enfoque no era perfecto tenían su propio encanto con este lente. También me sorprendió gratamente lo bien que rinde a aperturas más pequeñas, aunque esa no es la razón principal por la que consideraría añadirlo a mi equipo. Su punto fuerte, sin duda, está en f/1.9. Otro detalle que no pasó desapercibido fue lo liviano que es el lente, algo muy bienvenido cuando caminas largas distancias buscando esa escena que parece llamarte a ser fotografiada.
¿Tienes algún consejo para fotógrafos que quieran probar los lentes Art de Lomography?
Si es tu primera vez usando uno de estos lentes, creo que lo más importante es permitirte jugar, experimentar y sorprenderte. Estos lentes te invitan a soltar el control; cosas que podrían considerarse defectos en lentes más tradicionales, como los destellos, la aberración cromática o el viñeteo, aquí deben ser aceptadas. Aprende a disfrutarlas y a sacar el máximo provecho de su carácter único. Aunque utilicé el lente en varios contextos, si tuviera que elegir un uso específico, sin duda sería la fotografía de retrato. Con su distancia focal de 80.5 mm, que considero ideal para capturar personas, este lente realmente brilla en ese entorno.
¿Tienes algún proyecto o exposición próxima que te gustaría compartir con nuestra comunidad?
Mientras sigo trabajando en el proceso de edición y ajustes finales de Primitivos, con el objetivo de convertir el proyecto en un fotolibro, 2025 me recibirá con una nueva exposición aquí en Madrid. Aunque aún estoy cerrando el lugar, ya he comenzado a preparar el material. Un desafío interesante que decidí asumir en esta ocasión es enmarcar mi propio trabajo. Aprovechando mi experiencia en carpintería, he pasado los últimos días en un taller fabricando mis propios marcos. Ha sido fascinante porque los tipos de madera disponibles aquí son diferentes a los de Argentina, así que he estado experimentando con varias opciones. Finalmente, elegí el nogal americano, una madera oscura con tonos ceniza que, creo, realzará mis fotografías de manera hermosa. De alguna forma, siento que estoy completando el círculo creativo: desde previsualizar la imagen hasta enmarcarla y presentarla, todo hecho con mis propias manos. Eso hace que el proceso sea increíblemente personal y emocionante para mí.
¿Disculpa, puedo hacerte un retrato?: Fotografiando por la calle
“Hoy es el día, tengo que conseguirlo”, pensé antes de salir de la puerta de mi casa con la cámara colgada al hombro y el objetivo de finalmente abordar a todas esas personas que veo por la calle y que muero por fotografiar. Cuarenta y cinco minutos más tarde, la vida me encontró volviendo a mi casa con la cámara absolutamente vacía. Ni un solo disparo. “Esto podría pasarle a cualquiera”, pensé, pero lo que me hacía sentir único en este universo era que esta era la tercera vez en una semana que me pasaba. “¿Cómo lo hacen? ¿Por qué a mí me cuesta tanto?”, pensaba mientras entraba al salón de mi casa donde mi mujer me esperaba. Al verme, me preguntó: “¿Y? ¿Cómo fue?”. No recuerdo qué le contesté, pero debió haber sido algo muy similar al ladrido ahogado de un perro viejo y amargado.
Esta es mi historia, y si en algo se parece a la tuya, quiero que sepas que no estás solo y que es más normal de lo que piensas. No caigas en la trampa de las redes sociales donde todo aparenta ser fácil. No lo es, abordar a un completo extraño por la calle para pedirle un retrato puede parecer una historia de terror. La buena noticia es que lo peor que puede pasar es que, con una sonrisa y amablemente, te digan que no, que tienen prisa o que simplemente no les gusta la idea. Esto no tiene nada que ver contigo y, en mi experiencia, este caso suele ser el menos frecuente. Por lo general, a la mayoría de las personas, si te acercas con una sonrisa y buenas intenciones, les divierte la idea de posar para ti, o al menos intentarlo.
¿Qué es lo que tanto nos atrae de las personas? ¿Qué es lo que tienen algunos individuos que al verlos nos urge la necesidad de fotografiarlos? En mi caso, es como si fuese un mandato interno, una fuerza indescriptible que llevo dentro. Lo único que sé es que si no lo intento, luego me arrepentiré. Durante mis primeros intentos, la victoria no residía en conseguir la foto; el éxito era animarme a enfrentar el momento, aunque finalmente me dijeran que no. Ahora… hablemos de la satisfacción de conseguir esa foto. El placer de darle rienda suelta a esa necesidad innata que llevamos dentro de fotografiar todo aquello que nos llama la atención.
Todavía recuerdo mi primer retrato a un completo extraño en “El Rastro” de Madrid. Vi a una señora sentada con una presencia única, fumando un cigarrillo como solamente podrían hacerlo ella y la reina de Inglaterra, si hubiese fumado. Me enamoré del personaje y aproveché un momento de espasmo mental, donde mis neuronas no conectaron para dar lugar a una de las mil excusas que uno se inventa cuando está frente a la situación de actuar, para acercarme y saludarla. Sin siquiera darme cuenta, ya estaba en una conversación. Hablamos de todo un poco: de qué era lo que estaba haciendo, a qué se dedicaba, qué lindo estaba el clima, cuánta gente había alrededor y… ¿y la foto? No hubo foto, no me animé. Agotada la conversación, me despedí y seguí caminando. “¿Cómo puede ser? ¿Otra vez a casa con la cámara vacía?”. No, de ninguna forma, esta historia no puede terminar así. Frené, respiré, giré 180 grados y, volviendo sobre mis pasos, me acerqué nuevamente y le dije: “Disculpe el atrevimiento, pero soy fotógrafo y me haría muy feliz poder retratarla”. “Pues claro”, me dijo y asumió una pose con la actitud y confianza propias de quien no estaba frente a su primer rodeo. Por supuesto, al ser mi primera experiencia no quise robarle mucho tiempo, algo que luego aprendí que es necesario y que nadie se lo toma a mal. Después de todo, para muchas personas, el acontecimiento se convierte en un juego.
Sentí como si me hubiese sacado de encima una mochila de 80 kilos llena de rocas y botellas de agua. Conecté con una energía renovada y esa misma tarde me encontré en mi casa seleccionando material de entre un sinfín de retratos de distintos personajes.
Desde aquel entonces hasta el día de hoy no puedo decir que voy por la calle abordando a todo aquel que me interesa retratar, pero la dinámica se volvió mucho más sencilla y, sobre todo, siento que la puerta quedó abierta y ahora depende de mí seguir exponiéndome para que no vuelva a cerrarse.
Últimamente me encuentro frente a un nuevo debate interno. Muchas veces me sucede que encuentro un personaje que me atrae, ya sea por su forma de caminar, sus gestos, sus ropas, u objetos personales, alguna característica física que me resulte interesante como puede ser su color de ojos, sus tatuajes o simplemente su peinado. Entonces, reprimiendo a esa voz interna experta en excusarse y escapar de la oportunidad, como ya hice en un sinfín de ocasiones, me presento con una gran sonrisa y pido el retrato. Mágicamente, como en el 89% de las ocasiones, el personaje accede, pero hay algo que se perdió. Una energía propia de la espontaneidad de la primera vez que lo vi ya no está, y créeme que eso se ve en el retrato final. Hay veces que con algunas indicaciones consigo recuperar lo que busco, o al menos alguna parte de ello, pero en otras ocasiones no hay caso y es un retrato que no logré capturar. En esos momentos me planteo la posibilidad de sacar la foto primero y pedir permiso después. Hay algo de invadir el espacio ajeno sin preguntar que no me sienta cómodo. No voy a decir que nunca lo haya hecho porque este espacio se trata de ser sincero, pero no es algo con lo que esté moralmente en paz, y de ahí el debate interno: ¿conseguir LA foto justifica todo? ¿Qué imagen dejo de los fotógrafos en general con esta actitud? Me pasó en una oportunidad de ir a una relojería antigua y pedir hacer algunas fotos, y que el dueño del lugar me diga que no, que están cansados de los fotógrafos que somos unos maleducados. No tengo una respuesta concreta, pero sí creo que son cosas que todos deberíamos plantearnos y no podemos hacernos los distraídos.
Si eres de los valientes que ya andan por las calles cámara en mano, alimentando a esa bestia interna que nos exige fotografiar, no tengo más que decirte que te admiro y que te deseo una buena cacería. Ahora, si formas parte del grupo de los que también son valientes, pero aún no lo saben, te propongo el siguiente ejercicio. Lo llamo el ejercicio de la balanza y lo uso frecuentemente para tomar todo tipo de decisiones en mi día a día. Frente a la situación de abordar a un extraño y pedirle un retrato, pon de un lado de la balanza lo peor que puede pasar, créeme cuando te digo que no irá más allá de un “no” acompañado de una disculpa, una excusa inocente o una sonrisa. Del otro lado de la balanza, ubica la satisfacción que tendrás si logras esa foto que tanto quieres, si logras conquistar esa pequeña parte de tu ser que te está frenando y le dices: “Tú te callas, aquí el jefe soy yo”. No lo dudes un segundo más, es tu momento, sal a la calle y no prives más al mundo de tus retratos. Que la fuerza te acompañe.
¿Se pueden hacer fotos de revista, pero con una visión más de autor?
Eso fue lo que intenté hacer la semana pasada cuando me encargaron hacer unas fotos de Laura Laprida para la revista ¡Hola!. Durante la sesión, aproveché para capturar algunas imágenes adicionales con el objetivo de imprimirles mi impronta personal.
Pero primero, ¿qué significa “darle una visión más de autor” a las imágenes? Desde mi perspectiva, la fotografía de autor se sitúa en el polo opuesto al fotoperiodismo, donde es crucial mantener la objetividad al capturar para proporcionar una versión neutral de los eventos retratados. La fotografía de autor explora temas de manera subjetiva, reflejando emociones, perspectivas y estilo personal. Mi estilo personal está bien definido, y aunque está en constante evolución, hay elementos que no creo que cambien. Más allá del velo nostálgico que muchas de mis imágenes poseen por diversos motivos, hay cosas que no se negocian. La primera es la técnica respaldada por la prioridad de luces, fondos cuidados que no distraigan y una obsesiva búsqueda de la “figura y fondo” adecuada para cada imagen. Además, en la gran mayoría de mis imágenes, prevalecen los formatos 1×1 y 4×5, facilitando la toma de decisiones al reencuadrar. Esto se asemeja a la elección de ópticas fijas en lugar de lentes zoom; al tener menos opciones, decido más rápido y obtengo imágenes de mejor calidad.
Volviendo a las fotos de Laura, elegimos las últimas luces de un día despejado para comenzar con las imágenes. Esto me permitió jugar con sombras largas e imágenes contrastadas.
También busqué capturar imágenes a través de diferentes objetos que encontré en nuestro camino. Aunque no es ninguna novedad en la fotografía, es divertido establecer diferentes consignas e intentar cumplirlas. Después de todo, estas imágenes son para mí.
Por supuesto, en la edición limpié fondos y corregí la prioridad de luces, siempre procurando favorecerla como figura central de la imagen. Una de las ventajas de la fotografía digital y la razón por la cual cuando salgo a fotografiar con mi Rolleiflex tardo mucho, mucho más tiempo en definir la toma.
Finalmente, presté mucha atención a las diagonales presentes en cada escena, estas líneas guía que suelo enfatizar en mis imágenes y que me preocupo por que salgan de donde tengan que salir, casi siempre de izquierda a derecha.
Quedé satisfecho con el trabajo realizado, tanto con las fotos que envié a la revista que puedes ver en la nota AQUÍ, como con las que hice para mí. Quizás alguna termine siendo parte de mi portafolio, eso está por verse.
Cuéntame qué te parecen las fotos, ¿crees que logré mi objetivo? Te leo en los comentarios.