“Fotografiar en modo manual es de cobarde”
Madrid, 31 de julio de 2025.

Calma… no todo es lo que parece. (Leica Minilux 40mm + Showa Film ISO400)
– “Fotografiar en modo manual es de cobarde”.
Esto me dije un mes atrás, cuando me propuse un juego que —aunque suene contradictorio— requirió mucho coraje. Soltar el control, apagar el pensamiento técnico y abandonar el método fue un experimento que me dejó incómodo, expuesto y, sobre todo… feliz.
Hace unos días decidí hacer algo que rara vez me permito: fotografiar sin pensar, sin medir, sin buscar una imagen “correcta”. Fue un ejercicio, sí, pero sobre todo un juego; una especie de acto rebelde contra mi forma habitual de trabajar, que es más bien seria, metódica y técnica. Suelo visualizar con tiempo, medir la luz con precisión, componer con cuidado, y pensar siempre en blanco y negro, incluso cuando disparo en digital. Todo en mi proceso pasa por el filtro de la conciencia, la intención y el control.
Normalmente, mi enfoque es pensado, pausado, meticuloso. Comienzo con una previsualización: observo, pienso, espero. A veces el proceso dura más de un día. Incluso vuelvo varias veces al mismo lugar en busca de una imagen. Luego mido la luz con precisión —cuando trabajo con película, aplico el sistema de zonas de Ansel Adams, y a veces también en digital—. Me tomo mi tiempo para componer y muchas veces utilizo trípode. Siempre pienso en blanco y negro, incluso cuando disparo en color: tengo configurado el visor para verlo en monocromo, como una manera de olvidarme del color y concentrarme solo en luces y sombras.
A la hora de disparar, en la mayoría de los casos uso el modo manual. Me gusta tener el control total de las tres variables de exposición. Muy rara vez recurro a la prioridad de apertura. Una excepción fue durante mi proyecto Primitivos, caminando el Camino de Santiago: allí, por las condiciones del viaje, utilicé esa modalidad con más frecuencia. No siempre había tiempo o energía para medir cuidadosamente; el costo de perder una imagen era demasiado alto.
El enfoque también varía: en digital utilizo mucho el autofoco, pero cuando la luz lo requiere —por ejemplo, a contraluz—, paso al enfoque manual. En analógico, por las limitaciones de las cámaras que uso, el enfoque manual es la norma. Después viene el revelado y la edición. Ya sea en el cuarto oscuro o en la computadora, casi nunca muestro imágenes sin pasar por un proceso de ajuste. Para mí, revelar es parte de decir; es parte de hacer la imagen.
Pero esta vez fue diferente
Salí a fotografiar sin pensar demasiado. Usé una Leica Minilux con una lente fija de 40 mm. Todo en automático. Usé tres rollos color de 35 mm que me había regalado mi amigo Andy Aloi, traídos desde Japón, y que nunca había probado. Durante varios días llevé la cámara conmigo en todo momento y una vez terminados los rollos, ni siquiera me encargué del revelado. Fue parte del juego —y también una necesidad, ya que no tengo los materiales para revelar color.

Leica Minilux 40mm. Carretes Edo Ukiyo-e ISO 400 y Showa Iso 400. Tambíen disparé un Marixfilm Iso 100.
Lo disfruté mucho. Porque creo que es necesario incorporar el juego en todo lo que amamos. En mi caso, la fotografía suele estar rodeada de mucha seriedad y profesionalismo. A veces se vuelve demasiado rígida. Por eso fue un alivio disparar sin pensar en resultados, copias, proyectos ni obras. Solo caminar y fotografiar de forma instintiva.
Como cuando empezaba.
Como si nada importara más que el acto de mirar.





























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“Antes y despúes del click”
Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.
Q creatividad tenes!!! Me encantoooo!!
Aunq yo solo saco manual 😂