¿Qué quiero mostrar? ¿Y cómo hacerlo?
Edición, montaje y cómo ciertas imágenes encuentran su lugar cuando aprendemos a rodearlas.
Madrid, 23 de octubre de 2025.

Saber elegir con que quedarme no es tarea fácil. Intento encontrar una justificación para cada decisión.
Hay algo que me pasa siempre que tengo que mostrar mis fotos. No cuando las saco, ni cuando las edito. Sino cuando tengo que decidir qué mostrar, qué dejar afuera, y sobre todo, cómo.
No es fácil. Aparecen dudas, inseguridades, voces que cuestionan todo. Mirar tu trabajo de frente, sin excusas, y aceptar que no todo lo que hiciste merece ser mostrado. Que muchas de tus favoritas no funcionan. Que algunas imágenes solo existen por lo que significan para vos, no por lo que logran en los demás. Eso requiere honestidad brutal y valentía. Porque elegir una imagen es descartar otra. Y cada descarte duele.
Pero en algún momento hay que responder esas dos preguntas inevitables:
¿Qué quiero mostrar? ¿Y cómo lo quiero mostrar?
Algunos meses atrás me enfrenté a este dilema mientras preparaba mi muestra: Fragmentos (de lo cotidiano y lo extraordinario).
Quería mostrar un destello de cada una de las partes que, hoy por hoy, siento que componen mi obra: algo de Primitivos, un poco de fotografía callejera, algo de naturaleza, arquitectura y algunos retratos.
No voy a detenerme en los criterios curatoriales ni en los conceptos generales de la muestra.
Lo que quiero compartir es cómo elegí qué imágenes mostrar de cada serie, y sobre todo, cómo decidí presentarlas.
Tengo muchísimas imágenes de fotografía callejera. Para alguien que encuentra en la naturaleza un refugio, es curioso lo mucho que disfruto estar en las calles haciendo fotos. ¿Cómo elegir solo tres? Y no solo eso. Las imágenes elegidas deben tener un diálogo entre sí, deben contar una historia. Muchas veces nuestros highlights no tienen ninguna relación entre sí, y otras veces una foto no encuentra su lugar hasta que está rodeada de manera adecuada.
De hecho, las tres imágenes de calle seleccionadas para la muestra, si bien las considero buenas, no son necesariamente mis favoritas. ¿Por qué entonces las elegí? Porque entre las tres, y en la forma en que están presentadas, se activa una secuencia visual con ritmo, dirección y coherencia interna. La mirada entra desde la izquierda guiada por la bicicleta en movimiento, atraviesa la segunda imagen con ese personaje central que se recorta contra el asfalto iluminado, y termina en la tercera foto: una calle que nos lleva hacia el fondo, donde espera la catedral. La primera y segunda imagen comparten una pared y también se genera una diagonal visual fuerte que une la segunda con la tercera imagen, que nace en el techo de la iglesia de la imagen del medio y continúa su recorrido en la composición de la tercera.

De izquierda a derecha: “El instante en San Pelayo”, “En el nombre del basquet” y “Todo pasa”
Al combinarlas, intenté construir una única obra y contar una historia continua. Las tres comparten una figura en movimiento que activa un espacio, y una arquitectura de época similar. Tengo muchas imágenes con estas características, pero no todas dialogan entre sí como estas lo hacen. A veces no se trata de cuál es nuestra mejor imagen, sino de qué sucede cuando las ponemos a convivir.
Estas tres imágenes conforman lo que en mi escuela de fotografía llamamos una pared.
Una pared es una unidad visual compuesta por varias imágenes.
Esta lógica de selección y montaje no es exclusiva de una muestra. Aplica igual para un libro, un proyecto, una selección para un concurso o una serie para redes sociales.
Esta pared de arquitectura, por ejemplo, es especial para mí porque la arquitectura es un tipo de fotografía que me resulta muy difícil. Me cuesta contar algo sin un sujeto claro. Siempre siento que necesito un escenario, una luz especial y un protagonista. En este caso, la luz es el protagonista. Y eso, para mí, es casi tan complejo como fotografiar paisajes. Pero eso da para otro texto.

De izquierda a derecha: “Luz brutal I” y “Luz brutal II”
En esta pared presenté un díptico. Las dos imágenes tienen un ritmo visual compartido. Ubico un eje de simetría imaginario entre ambas, y me fascina cómo las diagonales de una y otra convergen hacia el centro. La secuencia de izquierda a derecha funciona mejor así, la mirada entra por la sombra de la izquierda y avanza hacia la luz. Ambas comparten materialidad, texturas limpias, luz dura y elementos formales repetidos. Me gusta mucho el equilibrio que logran entre abstracción y realismo. Creo que ahí reside su mayor fuerza.
Tenía muchas ganas de incluir imágenes del proyecto Primitivos, y como era mi muestra, me di el gusto.
Primitivos es un proyecto con casi 200 imágenes, de las cuales debía elegir solo dos. Una muestra el esfuerzo, el proceso, el desafío. La otra, la llegada, la contemplación, el logro. Ir y llegar. El camino y el destino. Me parecieron dos imágenes complementarias y representativas del Camino Primitivo a Santiago de Compostela.

De izquierda a derecha: “El eco del paso” y “Conquistando Mar do Fora”
La diagonal de izquierda a derecha que forman sus horizontes es dominante, las une, y termina en las rocas de la imagen final. Ambas comparten una figura humana contenida por el entorno y recortada contra el fondo. La ubicación del sujeto es similar en ambos casos, colocada en un punto de tensión. La primera imagen invita a entrar por el sendero hacia la figura. En la segunda, la figura nos espera antes del cierre de la imagen, en una suerte de punto de descanso.
También trabajé una pared más centrada en la naturaleza y figuras animales. Está compuesta por tres imágenes, donde la imagen cuadrada funciona como centro, flanqueada por dos horizontales en formato 4×5 (mi favortio, y no por que sea el de instagram). Una abre la lectura con la dirección del movimiento de los caballos, y la otra cierra con la pareja narcisista contemplando su reflejo. Las tres imágenes comparten la misma línea de horizonte, lo cual fue una decisión consciente para generar unidad visual.

De izquierda a derecha: “Improvisando, asumiendo, idealizando”, “Silencio compartido” y “Narcisos rurales”
Otra de las paredes fue de paisajes opuestos. Uno urbano y otro natural. Ambas imágenes están estructuradas en tres franjas horizontales. En la foto urbana: blanco arriba, negro al medio, blanco abajo. En la natural: el orden se invierte. Incluso decidí expandir este juego de opuestos a los marcos, los paspartús y los carteles. Porque mostrar también es pensar en cómo se enmarca, se titula, se presenta.

De izquierda a derecha: “El otro París” y “Ruta de hospitales”

Decidí expandir el juego de opuestos en la forma de enamarcado y en las tarjetas de cada obra.
Editar el propio trabajo no es fácil. Hay imágenes que tienen para nosotros una carga emocional tan fuerte que no nos deja ver con claridad si funcionan o no. Por eso es fundamental pedir devoluciones, pero no a cualquiera. Solo a personas que sabemos que nos dirán la verdad, incluso si duele. Si de verdad queremos sacar lo mejor de nuestro trabajo, esa honestidad es imprescindible.
Durante la muestra ocurrió algo muy valioso. Varias personas que respeto se acercaron a compartir sus lecturas sobre mis paredes. Algunas coincidían con las mías, otras me abrieron puertas que nunca había visto. Miraron mis fotos con ojos nuevos, y sus devoluciones fueron pequeños tesoros. A cada uno de ellos, gracias.
Y a vos que estás leyendo esto, si ves algo que no estoy viendo, me encantaría leer tu interpretación en los comentarios.
Al final, todo vuelve a esas dos preguntas.
¿Qué quiero contar? ¿Cómo voy a hacerlo?
No hay fórmulas ni respuestas universales. Así como yo te compartí las mías, cada fotógrafo deberá buscar las suyas. A veces solo aparecen cuando dejamos de ver nuestras fotos como piezas sueltas y empezamos a pensarlas en relación.
Editar también es crear. Agrupar, ordenar, dejar fuera, volver a mirar… todo ese proceso también habla de nuestro trabajo como fotógrafos. Aprender a elegir cómo mostrar lo que hacemos es parte del oficio.
Eso es lo que transforma una serie en una obra de arte.
Hasta la próxima.
Eugenio.
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“Antes y despúes del click”
Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.