Primitivos
La necesidad de bajarse de la rueda del hámster y una historia en proceso.
Madrid, 20 de noviembre de 2025.

Nos vendieron que vivir a 100 km por hora es sinónimo de éxito, pero… ¿cuántos llegamos realmente a algún lado?
La carrera infinita
¿Todavía dormís más de seis horas? ¿No tenés dos emprendimientos, marca personal y un canal de YouTube sobre hábitos atómicos? ¿No hacés ayuno intermitente, journaling, cold plunging, grounding, biohacking, crypto farming, coach hustling y mindful multitasking? Dejá que te lo diga: te estás quedando atrás.
¿Días libres? ¿Qué es eso?
El descanso es para mediocres. Los ganadores despiertan al gallo. A las 4:57 am están de pie sin despertador, tomando café con mantequilla, respondiendo mails mientras hacen sentadillas. Si frenan para ir al baño, se sientan en el inodoro mientras editan un reel motivacional.
Tenés que optimizar tu tiempo, tu alimentación, tu respiración y tu feed de Instagram.
¿Tenés ansiedad? Respirá. ¿Estás triste? Comprate un anillo con piedras de enfoque. ¿Estás fundido? Es tu culpa por no mantener una mentalidad abundante. ¿Te sentís vacío? Comprá un curso. ¿No te alcanza la plata porque estás fundido? Es culpa tuya: no estás manifestando bien.
Si no tenés éxito, al menos que lo parezca. Lo único importante es que sigas. Que no frenes, existen pastillas para ello. Hacé. Mostrá. Siempre para adelante. Nunca jamás te detengas.
Porque si te detenés… tal vez te des cuenta de lo absurdo que es todo esto.
Nos están volviendo locos
Por momentos, la vida puede parecer una carrera descontrolada. El éxito se mide por lo que tenés, lo que hacés y cuántos followers acumulás. Aspectos como la compasión, la sensibilidad artística, la empatía y la creatividad quedan en segundo plano frente a la optimización de tiempos, la productividad, la eficiencia y la competitividad. Comparaciones con vidas que no existen, estándares de belleza virtuales, tendencias fugaces, la economía, el deber ser. Pantallas cada vez más grandes y otras portátiles para cuando nos aburrimos de las anteriores. ¿Aburrirse? Eso ya no existe. El estímulo es constante, una necesidad vital.
Pero el ser humano no está diseñado para vivir así. Los cambios impulsados por la tecnología van mucho más rápido que nuestra capacidad de adaptarnos. El miedo constante a quedarse fuera o no estar al tanto de lo último se vuelve crónico.
BURNOUT 🔥
Es una palabra moderna que se usa para diagnosticar a quienes llegaron al límite. Fundirse, quemarse la cabeza, tocar fondo. Ahí es cuando la vida te obliga a bajar un cambio. A veces por un hecho puntual; otras, por una acumulación de pequeñas cosas que se hacen insostenibles. Algunas personas, quizás más conectadas consigo mismas, o simplemente con más suerte, se anticipan y regulan para no colapsar. Se ven corriendo en la ruedita del hámster, y entienden que así no van a llegar a ningún lado. Frenan. A estos yo les llamo los equilibristas. Otras, pese a todas las señales, siguen en modo avión. Mejor no cuestionarse. Mejor no frenar. Mejor seguir. Ya estoy viejo para cambiar. Estoy bien así. Todo contra lo que no pueda, lo meto bajo la alfombra y luego finjo demencia.
Ya sea porque la vida te lo impone con una cachetada o porque lográs verlo por tu cuenta, cada tanto es necesario frenar, apretar el botón de reset y volver a conectar con esa línea directa y gratuita a nuestro interior. Respirar.

Mi turno
En mi vida, esa pausa fue el Camino Primitivo a Santiago de Compostela. Intuyo que hay tantas formas de desconectar como personas en el mundo. Pero si decidís seguir leyendo, voy a contarte la mía y cómo se convirtió en un trabajo fotográfico que lleva el nombre de Primitivos.

Alerta de Spoiler:
Llegar a Santiago no fue el final, sino el principio del camino.
Nota del autor
Esta no es una historia de éxito viral. Nadie me descubrió. No me iluminé en la cima de una montaña. Vamos, que hace tres años que vengo buscando apoyo de instituciones y empresas privadas para editar un libro y realizar una muestra de este trabajo, y recibí más “no” que vendedor de peines en una convención de pelados.
Aclaro esto porque sé que nos encantan los cuentos de Hollywood, de superación personal, de éxito instantáneo. Seamos honestos: abrís Instagram y tu algoritmo solo te muestra gente exitosa, con abdominales marcados, rutinas matinales impecables y coaches de coaches que coachean a otros coaches con algo que enseñarte… Y vos no podés ni elegir qué yogur comprar sin entrar en crisis existencial.
No estoy acá para venderte humo. Este es un relato sobre resistencia a la frustración. Una historia en la que el protagonista, pese a haber puesto todo el esfuerzo, la dedicación y la pasión, todavía no alcanzó sus objetivos. Y aun así, tuvo que aprender a seguir creyendo en sí mismo. Es una historia inconclusa, pero real. La de alguien que se cansó de correr y decidió caminar. Literalmente.
¿De que va esta pelicula?
Primitivos es un trabajo fotográfico que recorre la importancia de bajar una velocidad y conectar con lo más simple y esencial del ser humano. Estar en contacto con la naturaleza, con otros y, sobre todo, con uno mismo.

Contexto
El 2022 me encontró en plena etapa de cambio. Ya me había mudado de Argentina a España y decidido dedicarme 100% a la fotografía. Para esto renuncié a mi propia empresa en Argentina, donde era gerente de operaciones. Con ello también renuncié a una estabilidad económica y a una vida diseñada acorde a expectativas que ya no eran mías.
Toda etapa de cambio suele venir acompañada de miedos, inseguridades e incertidumbres. Necesitaba silencio, frenar y pensar para poder reafirmar mis convicciones. Meses antes, en Cantabria, conocí a una señora octogenaria que me habló de sus experiencias en el Camino a Santiago de Compostela. En esa charla le conté sobre mi afición por el montañismo y la escalada, y ella me recomendó el Camino Primitivo, una variante del Camino a Santiago con un nivel de exigencia superior por sus continuas subidas y bajadas, e incluso con una etapa de media montaña. No necesitaba más. Algo dentro mío ya habia tomado la decision. En septiembre de 2022 empece a caminar.

Sobre el Camino Primitivo
“Un viaje de mil millas comienza con un solo paso.” (Lao-Tse).

Los 321 km que planeaba recorrer a pie por el llamado “Camino Primitivo”, que atraviesa Asturias y Galicia, se convirtieron en 452 km. Luego de llegar a Santiago de Compostela, necesité comtiuar por el Océano Atlántico hasta llegar al “Faro del Fin del Mundo” en Finisterre.

El Kilómetro 0 y detrás el faro de Finisterre a orillas del oceano Atlántico.
Durante 20 días me permití ser parte de una aventura sanadora. Fui testigo de una forma de vida más simple y me embarqué en un viaje de reconexión con valores fundamentales del ser humano: aquellos que a menudo olvidamos o relegamos al último lugar en nuestra lista de prioridades diarias.
Porque la fotografía había pasado a ser protagonista en mi vida, decidí llevarme una cámara a un viaje del que lo último que esperaba era volver con un trabajo fotográfico.

En el monasterio de Cornellana (Asturias). Tuve la suerte de que Leica España me preste la Q2 Monocrhome para el viaje.
Voy a ser completamente sincero: me sorprendió lo que produje en esos 20 días. No es raro que vuelva de una salida sin una sola foto decente, así que ver la cantidad y calidad de imágenes que obtuve me sigue llamando la atención. Y eso refuerza lo que vengo diciendo: cuando lográs estar realmente conectado, las cosas simplemente suceden.
Punto de partida
Durante veinte días fotografié, caminé y conversé (los que me conocen saben que esto último no me cuesta). De esas jornadas salieron retratos, paisajes y detalles que hoy forman una selección de unas 180 imágenes. Pero no me traje solo fotos: también recolecté historias. Durante más de dos años, contacté una por una a las personas retratadas para recuperar sus testimonios. Y lo conseguí: peregrinos y hospitaleros de España, Estados Unidos, Colombia, Rusia, Ucrania, Polonia, Países Bajos, y otros rincones del mundo compartieron conmigo sus experiencias.

“Después de unos 1050 días de peregrino e innumerables experiencias significativas, llegó un momento en que montar un albergue me pareció natural dar este paso.
Amo ofrecer servicio y facilitar la experiencia del Camino a los peregrinos.
En 2018 decidí que este era el lugar, en plena y exuberante naturaleza Asturiana, ubicado al inicio de la etapa de los hospitales, montañas y entorno que alimentan y enamoran, ahora mi hogar”.
Javier Yela, Hospitalero en Samblismo, Asturias.

Algunos de los retratos que hicimos junto a los peregrinos del camino
Este proyecto no busca documentar el Camino Primitivo. A través de las fotografías y las voces de sus protagonistas, el objetivo es presentar el camino como una alternativa para romper con la rutina diaria y vivir una aventura que permita reconectarse con uno mismo, con la sencillez, el contacto humano y la naturaleza. Una forma de revalorizar los procesos por encima de los resultados. Porque a veces, caminar sin prisa puede ser la forma más lúcida de avanzar.
Cómo vengo y hacia dónde voy

Primitivos está en proceso de convertirse en una muestra fotográfica y un fotolibro. Como su autor, también está destinado a recorrer un camino largo y sin atajos. Mi idea es que el punto de partida sea Galicia y que, desde allí, el proyecto pueda seguir viajando a otros lugares que tienen un vínculo personal conmigo: Asturias, Madrid y Buenos Aires.
Esta muestra viene madurando en mi cabeza hace tiempo. En los últimos años, asistí a muchas exposiciones y también monté algunas propias. Todo ese recorrido me dio una idea bastante clara de lo que quiero hacer.
Con el fotolibro sucede algo similar. Imagino un libro-objeto: grande, con tapa de cuero, simulando un antiguo diario de viajes. Incluirá un mapa desplegable del trayecto en el cual ya estamos trabajando con el artista gráfico Lucas Otto Müller, y combinará mi fotografía con los testimonios de los protagonistas. Me gustaría que tuviera dos prólogos: uno escrito por un referente mundial de la fotografía y otro por un referente del Camino. Por suerte, ambos ya están confirmados.

Este es un primer boceto del trabajo que venimos haciendo con Lucas.
“Yo tengo un plan…”
Para llevar adelante Primitivos de la forma en que sueño hacerlo, diseñé un plan tan sencillo como ambicioso.
El primer paso sería conseguir el apoyo de diferentes instituciones. Entre ellas, el Consulado Argentino en Vigo, que ya manifestó interés en acompañarme. En mi esquema ideal, estos respaldos institucionales servirían como aval para el proyecto y me acompañarían en la siguiente etapa de mi plan: conseguir financiación privada.

Expectativas Vs Realidad
La cosa no estaría fácil. Hasta hoy, llevo enviados más de 150 mensajes entre correos electrónicos, conactos por LinkedIn y llamados telefónicos. La mayoría de la gente no contesta. Los que sí usan frases como:
- Lo cierto es que actualmente no estamos colaborando en este tipo de proyectos.
- Un proyecto muy bonito, pero muchas gracias, no estamos interesados.
- Enhorabuena por tu propuesta, que es de gran belleza. Lamentablemente, tu proyecto no encaja con nuestra línea.
- Muchas gracias, pero ya estamos con un proyecto similar.
- Lo valoramos de cara a presupuestos 2026. Este año ya lo tenemos cerrado.

Captura de pantalla de mi hoja de contactos
Confío en que va a aparecer la empresa o la entidad indicada. Es solo cuestión de tiempo y de encajar las piezas de este rompecabezas.
A veces se gana y a veces se aprende
A principios de 2024 recibí la confirmación de que Primitivos sería expuesto por primera vez en el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago de Compostela. Fue mi primer victoria, seguida por el sabor amargo de tener que dejar pasar la oportunidad. Resulta que la entidad intermediaria entre mi trabajo y el museo resultó ser poco confiable, y no me quedó otra opción que dar un paso al costado. Es un episodio que no tengo completamente digerido, y sobre el que probablemnte escriba más adelante.

Después llegó otra buena noticia: la Casa de Galicia en Madrid manifestó interés en Primitivos. Pero cuando volví a contactarlos para avanzar, la cupula directiva había cambiado y me indicaron que debía volver a presentar el proyecto desde cero, por mesa de entrada. Nunca más volví a tener noticias.
Estos son algunos de los contratiempos a los que me enfrenté y me seguiré enfrentando en este camino. Lo tengo claro: lo que intento no es sencillo. Pero confío en mi trabajo, en el mensaje que quiero transmitir y en la calidad de mi fotografía. Tarde o temprano sucederá. Quizás no como lo imaginé, ni cuando lo imaginé, pero va a suceder. Porque no tengo pensado rendirme. No pienso dejar de caminar.

Final poco marketinero
Esta es la historia de Primitivos: no hay moraleja ni final feliz. No hay caso de éxito para contar en un podcast de emprendedores.
Hay trabajo, hay dudas e intentos.
Sigo construyendo, ladrillo a ladrillo, con constancia, con días buenos y otros no tanto.
Con entusiasmo, con frustraciones, y aprendiendo.
Como se construyen las cosas que importan.
Como la vida.
Como el camino.

Llegaste hasta el final, te mereces algunas imágenes más 😉





















Notas y agradecimientos
Toda las fotografías utilizadas en este artículo pertenecen a Primitivos
Gracias a todos los pelegrinos y hospitaleros que no solamente posaron para sus retratos, tambien se tomaron el tiempo de escribir sus historias y enviármelas por correo. Sin ellos y su ayuda este trabajo no sería posible.
Gracias a Cecilia Meirovich Consejera Jefa Sección Cultural, Educación y Prensa de la Embajada de la República Argentina en España y a Verónica Pozzi Encargada de Asuntos Culturales del Consulado de la República Argentina en Vigo por su apoyo a lo largo del desarrollo de este trabajo.
Gracias a Leica España por prestarme la Camara gracias a la cual tengo una calidad de archivos fuera de serie. Para los interesados utilicé la Q2 Monochrome. Una cáma con una óptcia fija summilux 1.7 de 28mm y un sensor monocromático que es un bestialidad absoluta. Una pena que no me la regalaron.
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“Antes y despúes del click”
Un diario visual y personal sobre mi camino fotográfico. Cuento experiencias, errores, aciertos, técnica, procesos, proyectos y todo lo que me sucede entre una captura y la siguiente. No busco enseñar, solo compartir mi recorrido.